Fray Luis de la Cruz (Restaurador)

Monseñor Luis Álvarez García (1917-2002, Fray Luis de la Cruz), natural del municipio de La Orotava, siendo hijo de Cebrero Álvarez y Luisa García. Escogido por Dios, ilusionado con el sacerdocio desde niño, es ordenado sacerdote en 1945, con el lema “a la sombra de tus alas me refugiaré mientras pasa la calamidad”. Dedica sus primeros años al apostolado parroquial, en parroquias como Nuestra Señora del Rosario en el Tablero; San Mateo, en Punta del Hidalgo, o Nuestra Señora de la Concepción, en La Laguna.

En el año 1952 es incorporado al cuerpo de beneficiarios de la Catedral de La Laguna. En el año 1955 asiste al Congreso Eucarístico de Río de Janeiro, visitando Venezuela y Cuba, y quedándose en la República Dominicana, donde obtiene el doctorado en Filosofía y Letras.

En 1960 llega, de nuevo a Venezuela, para trabajar pastoralmente en Caracas, donde desempeña los cargos de Vicario de San José, Párroco de Santa Rosa de Lima, Arcipreste de Chacao, Capellán de la Policía Metropolitana del Distrito Federal, Sacristán Mayor de la Catedral, Rector de San Ignacio de Loyola en el parque central El Conde y Canciller del cardenal Quintero.

Regresa a Canarias en el año 1979 donde se hace cargo de la dirección de la casa de ejercicios. En 1981 es nombrado Canciller-secretario de la Diócesis de Tenerife y, posteriormente, Canónigo Lectoral de la Catedral de La Laguna. Siendo en el año 1982 cuando Monseñor Álvarez viaja a Centro América y expone su proyecto de restauración de la Orden a un grupo de religiosos franciscanos, a cuya Tercera Orden había pertenecido en Santo Hermano Pedro. La idea es bonita, pero irrealizable cuando el futuro Restaurador regresa desilusionado a Tenerife, no podía imaginar aún los planes de Dios.

La necesidad de la Restauración

Informado de que en Guatemala un grupo de jóvenes, sin experiencia ninguna de vida religiosa, ha sentido la necesidad y el deseo de restaurar la Orden Betlemita. Mientras Monseñor viaja a Roma, lleva la entusiasta recomendación del entonces obispo de Tenerife, el redentorista Dr. D. Luis Franco Gascón. Se encuentra en Roma la benévola acogida de Monseñor Ali Lebrún, arzobispo de Caracas que lo presenta a su Santidad Juan Pablo II.

El Papa remite el proyecto a la Sagrada Congregación para los religiosos e institutos seculares. La respuesta no tarda y, con fecha 16 de enero de 1984, recibe el Obispo de Tenerife la noticia oficial del nombramiento de Monseñor Álvarez como Superior Delegado de la Santa Sede para la Restauración de la Orden.

Llegan entonces a Tenerife, el 1 de abril de 1984, cinco jóvenes guatemaltecos decididos a seguir con humildad y alegría las huellas del Santo Hermano Pedro. Monseñor los acoge en La Laguna en una casa heredara de sus padres.

Cuatro de ellos dan un nuevo paso hacia delante y surge el primer noviciado de la Restauración. Su primer maestro de novicios es el Superior Delegado de la Santa Sede, Monseñor Luis Álvarez García.

El 25 de abril de 1986, en la fiesta litúrgica del Santo Hermano Pedro, en la Catedral de La Laguna se celebra la misa por el Cardenal Rosalio José Castillo Lara. El Cardenal ostenta en la mano en representación de la Santa Sede para recibir la profesión solmene del Restaurador, Ministro General de la Orden y Primer Maestro de novicios.

Votos

Luis Álvarez García, que había dejado de ser Canciller-Secretario del Obispado de Tenerife, renuncia a su dignidad de Canónigo Lectoral y a su título de Monseñor, y empieza a llamarse simplemente Fray Luis de la Cruz. Hace sus votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia, y cambia su sotana roja por el hábito humilde que santificó el Hermano Pedro. Utilizando el lema “seré pobre entre los pobres para los más pobres”.

Fray Luis de la Cruz recibe a su vez, los votos temporales de los primeros religiosos betlemitas de la Restauración: Fray Armando de la Santísima Trinidad, Fray Horacio de la Santa Cruz, Fray Ángel David de Jesús Y Fray Lorenzo san José. Con el hábito reciben una cruz de madera, en la que van a vivir crucificados con Cristo, y un rosario con la medalla del Misterio de Belén.

Al finalizar el año 1986, llegan a Guatemala, procedentes de Tenerife, el Ministro General y maestro de Novicios, junto a tres jóvenes profesos, Llevan la misión de fundar una casa de la Orden en la tierra bendita que fue testigo de las maravillas que obró la gracia Divina sobre el hombre que fue Caridad.

La Orden Betlemita queda restaurada oficialmente en Guatemala el 2 de febrero de 1987, en el templo de San Francisco, ante el sepulcro que guarda las reliquias del Santo Hermano Pedro San José de Betancourt. Dos canarios y dos guatemaltecos firman el Acta de Instauración de la Orden de los Hermanos de Belén en la Arquidiocesis de Guatemala.

La Crónica de la Restauración se cierra el 24 de julio de 1987, vigilia del Apostol Santiago, con el decreto pontificio.

A partir de 1992 la enfermedad comienza a minar su salud, llevándolo a una postración total. En ese mismo año, al cumplir los 75 años, presenta a la Santa Sede su renuncia al cargo de Superior General. Muere el 5 de septiembre de 2003.

Vivió 19 años y medio tras la huella del Hermano Pedro y bajo la mediación de Nuestra Señora de Belén.